Breves reflexiones sobre entrenamiento funcional

Desde hace un tiempo hasta ahora, no dejo de oír a personas que, cuando hablan de su actividad física, su entrenamiento, sus ejercicios o aquello que practican, lo rematan con un “hago entrenamiento funcional”.

Observo ofertas innumerables en los centros de fitness como “clases colectivas de funcional”, “materiales funcionales de entrenamiento”, etc.

Por otro lado, encontramos también el bombardeo de esos sistemas de entrenamiento, creados buscando cierto grado de “diferenciación” con los programas de entrenamiento “tradicionales”, que se bautizan como funcionales por excelencia, tipo Crossfit.

Otros basan su funcionalidad en el tipo de material que utilizan, como por ejemplo el entrenamiento en suspensión, etc.

     

Y así hasta el aburrimiento o hasta que algún lumbrera invente otro término o material que ayude a vender más en nuestra industria del ejercicio físico y la “salud” y todos hablemos de las bondades del entrenamiento “Marciano” y nos vistamos de verde para entrenar, por poner un ejemplo.

Más allá de la intención económica que existe, soy de aquellos que cree en la motivación “sincera”, de cada uno de esos sistemas, de ayudar a la población a mejorar su condición física, su salud, su vida diaria y el desempeño de su vida laboral. Pero creo que no siempre se adecuan al adjetivo funcional.

 

Definamos qué significa funcional

Vamos a utilizar las palabras con exactitud y no llamemos a las cosas por un nombre que no les corresponde y, lo que es peor, no negociemos con una mentira, consciente o inconscientemente.

  1. Según la RAE, lo “funcional” debe suponer respetar o relacionarse con las funciones para las que está diseñado el sistema biológico humano, de manera eficaz y respetando sus funciones psico-biológicas. NO podría considerarse funcional aquello que no provocara adaptaciones positivas en dicho sistema o que atentara contra sus funciones y que, además, no sirviese para que el individuo desarrollara una vida en relación a su entorno de una manera más eficaz.
  1. El entrenamiento funcional (Ariel Couceiro, 2017) es aquel que restaura las funciones neuromusculares y/o musculoesqueléticas que permiten la ejecución de patrones saludables de movimiento. La función es lo primero. Si el individuo no tiene las funciones consolidadas, no va a restaurar nada y lo llevaremos a lesión con el entrenamiento, más tarde o más temprano.

Atendiendo a la definición rigurosa de funcional, no hace falta analizar mucho para observar incoherencias evidentes en los llamados sistemas de entrenamiento “funcional”, o en la elección de ejercicios “funcionales” que se realizan en muchas ocasiones.

Por lo tanto no deberíamos llamarlos así, ya que no lo son, y si pretenden serlo, adolecen de una falta de rigurosidad más que significativa.

Utilizo una cita de la web de buenaforma.org en la qual se sintetiza el concepro de EF.

El Entrenamiento Funcional, se centra en la realización de movimientos multiarticulares y el entrenamiento por cadenas cinéticas, con el objetivo de desarrollar y utilizar los estabilizadores y sistemas de control motor del individuo en un entorno multiplanar (utilizando los patrones adecuados), teniendo en cuenta las leyes físicas que interactúan con nuestro cuerpo (gravedad, inercia, momentum…)”.

Por otro lado, el entrenamiento funcional debe presentar una programación seria, que respete y se adapte a la realidad del sujeto. Esta funcionalidad se sustenta en una microprogramación y macroprogramación diferenciada para cada individuo, para conseguir las adaptaciones mínimas necesarias con cada entrenamiento, basándonos en su nivel y su realidad. Supone un proceso que debe atender a cierto nivel de estructuración y finalizando el proceso tendrá importancia el tipo de ejercicios que seleccionemos, ya que lo haremos atendiendo a los objetivos a cumplir.

Así pues no existen ejercicios “funcionales” y otros que no lo son, ya que cumpliendo los componentes de seguridad y eficacia, lo podrán ser casi todos en alguna fase del entrenamiento de la persona si de verdad sirven para generar adaptaciones que nos lleven a conseguir los objetivos que pretendemos.

No necesitamos montar un circo de materiales o ejercicios olímpicos, por ejemplo, para ser mega estupendos en lo que a funcionalidad se refiere. Más bien sería conveniente adoptar la rigurosidad, el conocimiento, la preparación y una actitud continua de análisis y toma de decisiones, que nos llevara a olvidar lo que está de moda y viste, y adoptar lo que realmente necesita la persona.

 

Qué debemos tener en cuenta para diseñar programas de entrenamiento funcional real:

  1. Debemos averiguar qué funciona y qué no funciona en el sujeto para poder mejorarlo y después prescribir en consecuencia.
  1. En el sistema de movimiento debemos reconocer posibles desajustes y requerimientos de las actividades de la vida diaria,  actividades de la vida diaria laboral (AVDL) y requerimientos del ejercicio físico.
  1. Progresión en el entrenamiento para las actividades de la vida diaria (AVD), acondicionamiento funcional del CORE.
  1. Integración de aspectos funcionales en los programas de acondicionamiento neuromuscular considerando las actividades laborales diarias.
    1. Entrenamiento complementario/compensatorio para las AVDL
    2. Entrenamiento orientado a la mejora del rendimiento para las AVDL
  1. Mejorar y mantener la salud e integridad del sistema osteo-articular
  1. Considerar adaptaciones en el entrenamiento atendiendo a los procesos degenerativos del sistema neuromuscular y a posibles repercusiones en la composición corporal.
  1. Considerar adaptaciones según requerimientos específicos asociados a las diferencias sexuales.

Teniendo en cuenta estas cosas y viéndolas expuestas en este artículo sólo por encima, ¿de verdad podemos pensar que hay tanto entrenamiento funcional hoy en día?

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